Se dice por ahí que los viajes siempre te abren la cabeza, y a ese dicho me remonto cuando pienso dónde se generó la “pulga” que me provocó las ganas de viajar.
Cuando en julio del 2001 volví a Córdoba después de casi dos meses de “estudio” y viajes entre Nueva York y Los Angeles, me traje, además de las experiencias vividas, la convicción de que en Argentina no quería estar más. Durante meses me preparé silenciosamente para una partida definitiva, hasta que en diciembre la realidad me hizo pensar que era casi imposible. Pero sólo “casi”, porque creo que el destino ya estaba marcado: a fines de febrero, y de frente al inminente viaje de mi mejor amiga a Italia recibí de ella el empujón y la locura que me faltaban: “nos vamos juntas, yo te ayudo con lo que necesites, y después me vuelvo y vos te quedás”. Creo que no lo pensé dos veces, y en sólo siete días dejé el trabajo, la casa de mis viejos, los amigos, y estaba arriba de un avión camino a Roma.
En esa semana recibí muchísimas palabras de aliento, tantas como otras que decían “dentro de no más de seis meses estarás de regreso con el rabo entre las piernas”.
Sabía que Roma era el destino inicial, y decía no sólo a quienes me preguntaban sino también a mí misma, que no sabía cuál era el destino final, que ése estaría determinado por el viento. Y el viento me trajo y me dejó acá, en Roma, quizás porque me sentí como en casa desde que puse el pie en el aeropuerto, quizás porque conocí a Massimo con quien comparto la vida casi desde ese momento.
En estos cuatro años (que se cumplen el 6 de marzo) hubo cambios que disfruté, otros que sufrí, otras cosas que casi no sentí y algunas que me hacen reír o me sorprenden.
Entre las cosas que disfruté está obviamente el hecho de vivir en una ciudad como Roma, con historia por donde la mires, monumentos, rinconcitos en donde podés sentirte fuera del espacio y el tiempo, una ciudad que todavía hoy me provoca shocks cuando paso de noche por el Coliseo o por el Pantheon y los veo mágicos y solitarios. Otra fue lo que llamo “la explosión de los sabores”, porque debo confesar que fue en Italia donde descubrí muchos cosquilleos de paladar, ¡una berenjena explotada a la enésima potencia!
Lo que sufro es poco y tiene que ver con el desarrollo de las relaciones humanas. En los primeros años no me daba cuenta de esto, pero después de un tiempo las diferencias se ven. Desde el momento inicial de conocer a una persona en un ámbito informal se marcan las distancias. El beso es casi un atrevimiento no permitido (aunque en muchos casos yo me lo permito) y el estilo y la costumbre es siempre extender la mano, como un símbolo de “estoy” con un “pero”. Desde ahí, la distancia existe siempre, tanto que en cuatro años no alcancé nunca a tener relaciones de amistad del tipo de las que en Argentina nacían en pocos meses.
No sentí un cambio de las típicas cosas latinas: la desorganización, el caos, la excesiva burocracia que te lleva de un lado a otro para obtener un papelito insignificante, el tráfico, la corrupción, las mentiras de los políticos. En estas cosas, Italia se parece muchísimo a Argentina.
Pero lo mejor son las cosas que me hacen reír: ¡bajé del avión con un título terciario y me convertí en Doctora! Es increíble la importancia de tener un título en Italia, tanto que son todos Doctores, aún aquellos como yo con una simple licenciatura.
Otra son las reuniones entre amigos, que no se conciben sin una mesa llena de cosas para comer. ¿Donde está el encontrarte con tu grupo con sólo un mate de por medio? Acá eso no existe: si te ves con alguien volvés a casa con la panza llena.
De Italia agradezco el haber tenido la posibilidad -por primera vez en mi vida- de un trabajo con aportes, una seguridad que Argentina no me dio después de pelear por casi 10 años. Agradezco el sol, el mar, las montañas, este país con miles de paisajes y miles de costumbres.
De volver a Argentina, hasta hace un tiempo la respuesta era un “no absoluto”. Ahora no estoy segura, a veces agradezco estar lejos y no sentir el dolor que provoca tu país como un pellizco constante en la piel. Vivo el dolor de la política italiana, pero desde afuera, no como protagonista sino como espectadora, y por ahora lo prefiero así.
Llegué acá sin pasaporte europeo (y sin condiciones para pedirlo), sin hablar italiano, sin la seguridad de un trabajo, sin conocidos seguros (aunque al final terminé envuelta en una familia que era una garantía) y con sólo 700 dólares en el bolsillo. Lo único de lo cual estaba segura de tener eran las ganas de trabajar, arremangándome sin problemas y dispuesta, si era necesario, a cargar cajas en un depósito… Y creo que ahí está la falla de tantos de los argentinos que emigran: el hecho de poseer pasaporte europeo implica (para algunos) la idea de llegar acá y pensar que ocuparán un puesto de mayor importancia del que dejaron en Argentina, y justamente por eso, muchos vuelven con la cabeza baja y una gran desilusión”.
Todo esto, junto con otra historia immigrada mas, en 30 Noticias.
100 COSAS QUE DIGO DE MI:
- Soy organizadora.
- Me enojo con facilidad.
- Levanto la voz (grito) constantemente.
- Soy revolucionaria por naturaleza.
- Tengo la terrible costumbre de criticar, no las personas, sino los sistemas, nada me está bien (antes me quejaba de Argentina, ahora de Italia!).
- La diplomacia no es mi fuerte, mas bien mi gran débil.
- Generalmente hago primero lo que debo, y después me relajo con lo que quiero.
- Soy un correcaminos para lo que “debo hacer”
- Soy muy nerviosa
- Soy firme en mis decisiones
- Tan impulsiva que es mejor decir que soy arrebatada!
- Me irrita la ignorancia.
- Me irrita la hipocresía.
- Siempre obtuve las cosas que deseé fuertemente.
- Soy muy optimista
- Soy testaruda (taurina !)
- Me distraigo con facilidad
- La practicidad es uno de mis fuertes.
- Aprendo las cosas con facilidad (excepto los idiomas)
- Tengo facilidad para establecer un orden general, pero me cuesta mantenerlo.
- Nunca pude tener ordenado el cajón de mi ropa interior,
- Me gustaría tener un gran closet para acomodar toda mi ropa
- Trato que mi casa esté sempre limpia, sin exagerar.
- No soy una amante de la cocina, pero me defiendo bastante bien.
- No pierdo la cabeza por las cosas dulces, prefiero las saladas.
- Como más carne que pasta, a pesar de vivir en Italia.
- Acompaño casi siempre mis comidas con un vaso de buen vino, especialmente tinto.
- Casi no tomo Coca Cola.
- Enciendo varias veces a la semana el lavarropas
- Enchufo la plancha solo un par de veces al mes por no mas de 15 minutos.
- Me gusta manejar, sobretodo cuando voy sola,
- Si manejo, me encanta poner la musica al máximo y cantar.
- Tengo una pasión desenfrenada por las fotos, Cuando sea grande me gustaría ser fotógrafa!
- No soy una gran amante de hacer shopping, pero pierdo el control cuando viajo.
- Cuando veo una remera o camiseta que me gusta, compro dos de diferentes colores.
- Creo que para hacer y mantener amigos no es necesario tenerlos siempre cerca.
- Mi hombre ideal: moreno, inteligente, divertido, conversador, sociable, simpático, y que se llame Massimo
- Soy cariñosa, física, pocas cosas valen lo que un abrazo.
- Cuando me extienden la mano en las presentaciones, beso, porque soy anti-sistema!
- Quiero tener al menos dos hijos, y sueño que sean mellizos! (Danger, ver p. 14!)
- Soy muy sociable , hago nuevos amigos facilmente y me preocupo por mantenerlos.
- Me gusta mucho, demasiado, viajar.
- Mis recuerdos más lindos pertenecen a los viajes.
- No compro billetes aéreos ni reservo hotel a través de las agencias de viaje.
- Cuando viajo, me gusta leer todo lo posible del lugar antes de llegar.
- No soporto dormir en carpa.
- Creo en Dios, pero no en la institución, sobretodo después de haber visto las riquezas de la Iglesia en Roma.
- Mis relaciones de amistad italianas no llegan ni a los tobillos de las argentinas, aún esas que conocí a la distancia.
- Adoro los perros.
- No me gustan los gatos.
- Me gusta leer.
- Cien años de soledad es el mejor libro que leí.
- Me gusta invitar gente a casa.
- Me gusta estar informada.
- Mi margen de error para llegar a horario no supera los 15 minutos.
- No me gusta madrugar, pero tampoco levantarme después de las 11.
- Nunca voy a dormir antes de medianoche.
- Duermo siempre en posición fetal y con la cara apoyada en las manos.
- En invierno tengo siempre los pies fríos (y un radiador con quien compartir la cama).
- No puedo ver las puertas del armario abiertas cuando estoy en la cama.
- Hago la cama antes de salir de casa a la mañana.
- Desayuno todas las mañanas con café con leche y tostadas.
- En invierno me gusta sentarme en el sofa y ver películas
- En verano adoro quedarme en la playa con un libro a las horas solitarias
- Me gusta mucho tomar sol.
- Soy tacaña para algunas cosas, no me gusta gastar en boludeces.
- Me gusta tener ahorros.
- Me autodefino una bilingüe al pedo (hablo castellano e italiano).
- Nunca me llevé bien con el ingles, no lo hablo, lo entiendo poco, y de eso me avergüenzo.
- Fui sempre una maniática de la ortografía. Ahora escribo mal en italiano, y olvido algunas palabras del castellano.
- Soy intolerante al humo del cigarrillo, especialmente a la mañana
- No fumo, y estoy orgullosa de eso.
- Nunca me fume un porro, y de eso no estoy orgullosa.
- Nunca me emborraché (al menos no lo recuerdo).
- Uso pocas cremas,
- No me maquillo.
- No me gusta ir a la peluquería, me hago cortar el cabello por alguna amiga con coraje.
- No frecuento los salones de belleza, conoci la limpieza de cutis apenas dos años atrás.
- Nunca tome pastillas anticonceptivas.
- Me “vino “ por primera vez a los 10 años y como aún no sabía nada, lo oculté por un par de meses hasta que me descubrieron!
- Soy de madera para todo tipo de deportes, y no soy una amante del Gym.
- No se nadar y cuando no apoyo los pies me desespero.
- No me gusta el invierno.
- No me gusta usar lana.
- Uso solo tres anillos, nada de pulseras ni collares.
- Uso aritos desde hace menos de un año.
- Siempre use el cabello largo.
- No me gusta mi primer nombre, casi siempre me hice llamar con el segundo (no, no se los digo, jua!)
- Por años alimenté la idea de convertirme en una periodista, después en dedicarme a la comunicación, y ahora soy una miserabile secretaria!
- No me gusta mi trabajo, aunque trato de no autoalimentar la idea.
- No consumo reality shows.
- Suelo tener buen ojo con las personas, pero un par de veces me equivoqué!
- Me gustan los thriller, no me gustan las comedias, ni la ciencia ficción.
- Me gusta la casa donde vivimos, es la casa que habría soñado.
- La relación que siempre soñe tener es la que tenemos con Massimo.
- Dejo casi siempre el celular en casa cuando salgo, o no lo escucho cuando suena.
- Calmo casi todas mis dudas con don google.
- Apoyo con firmeza el P2P.
- Uso Internet regularmente y sin pausas desde el 97.
- No aceptaría un trabajo que no tenga una conexión a la web!.
y estoy segura que esto No es todo!



Hola soy Silvana, de Quilmes, Buenos Aires. Hace algunos meses que entro a Mardevientos buscando algo nuevo. Es que me intriga saber si podré encontrar a esas argentinas de las que hablas cuando vaya a Roma. Desde hace casi dos años mantengo una relación a distancia con un romano. Y viejao dos veces al año. Ahora vuelvo en agosto creo esta vez por dos meses… aún estamos viendo cómo sguir esta historia de amor… y yo hago mi caminito para poder ver si podría vivir en Roma… no sólo me preocupa el trabajo, los papeles… y obvio el amor… sino también como serán las relaciones humanas… entonces busco compatriotas… que sé yo. Si lees esto decime si puedo contactarte cuando vaya… y cómo. Hasta pronto.
Silvana